El problema de la vivienda continúa siendo una de las principales asignaturas pendientes de nuestra Comunidad, sobre todo para los jóvenes en edad de emancipación, y constituye un problema que ha adquirido tal gravedad que su solución constituye, hoy por hoy, un auténtico clamor social. La región madrileña tiene una tasa de emancipación juvenil por debajo de la nacional, con los precios de vivienda más caros, y donde la economía familiar soporta los mayores sacrificios para el acceso a la vivienda. A pesar de que en los últimos quince años se ha construido más que nunca y que los precios de la vivienda han subido como jamás lo habían hecho, algunos responsables políticos continúan defendiendo, a pies juntillas y contra toda lógica que hay que seguir construyendo de forma compulsiva para reducir los precios de la vivienda, abogando por una mayor liberalización del suelo, idea plasmada en el anteproyecto de ley del suelo del actual gobierno, una norma impresentable en el contexto europeo. La vivienda se ha convertido así en un factor de aumento de las diferencias sociales, susceptible de causar una verdadera brecha social; una auténtica carga de profundidad, de alcance generacional, contra la cohesión de la sociedad madrileña que está dando lugar a diversas formas de patologías sociológicas. La supuesta ventaja derivada del mayor dinamismo de la economía madrileña respecto del resto de comunidades autónomas (menor desempleo y mayores niveles de crecimiento) se ha mostrado incapaz de enjugar la enorme desventaja que padecen los jóvenes madrileños para el acceso a la vivienda. La vivienda se ha convertido en el principal factor de endeudamiento familiar –hasta el 62% de la renta familiar en el 2002, sin descontar la desgravación fiscal, según datos del Banco de España- hasta unos niveles que llegan incluso a ser excluyentes para determinados sectores sociales, un problema que se está agravando con el paulatino aumento de los tipos de interés de referencia en los préstamos hipotecarios a interés variable. Según datos del año 2003 una familia tiene que dedicar los ingresos íntegros de más de ocho años para acceder a una vivienda, cuando en 1996 eran cinco. Todo ello ejerce una presión creciente sobre la estructura del consumo y las posibilidades de ahorro, contribuyendo también de manera muy negativa sobre el mercado laboral, al introducir un factor de rigidez que dificulta la movilidad voluntaria de los trabajadores. Según datos de la propia Comunidad de Madrid, el peso que representa el acceso a la vivienda respecto del total gasto de los hogares madrileños se ha incrementado desde el 38,1 % en 1999, al 39,2% en el 2003. Según el Banco de España, en los últimos cinco años la vivienda ha subido un 60%, mientras que los salarios tan sólo lo han hecho un 10%. Según un estudio elaborado por The Economist, España es el país europeo donde más ha subido el precio de la vivienda en este quinquenio. (Foto: http://quierescallarte.ourproject.org) |